Posicionamiento
Positioning
Gracias a Al Ries y Jack
Trout, el concepto “posicionamiento” entró a formar parte del vocabulario de
marketing en 1982, cuando escribieron Posicionamiento: La Batalla por su mente”*. En
realidad, la palabra había sido usada anteriormente en relación con la
colocación de los productos en las tiendas, con esperanza de que fuera a la
altura de los ojos. Sin embargo, Ries y Trout dieron un giro a este término:
“Posicionamiento no es dónde posiciona un producto en el lineal.
Posicionamiento es la actuación sobre la mente del consumidor”. Por tanto,
Volvo nos dice que fabrica “el coche más seguro”, BMW es “lo último en máquinas
de conducción”, y Porsche es “el mejor coche deportivo de pequeño tamaño del
mundo”.
Una empresa puede afirmar
que es diferente y mejor que otra de muchas formas: somos más rápidos, más
seguros, más baratos, más cómodos, duramos más, tenemos mejor trato, mayor
calidad, mayor valor… la lista continúa. Pero Ries y Trout enfatizaron la
necesidad de elegir una de todas ellas para que se fijara en la mente del
consumidor. Veían el posicionamiento, principalmente, como un ejercicio de
comunicación. A menos que el producto sea identificado como el mejor en algo
que es significativo para un grupo de consumidores, estará pobremente
posicionando y lo recordarán con dificultad. Recordamos marcas que sobresalen
como las primeras o las mejores en algo.
Pero el posicionamiento
no puede ser arbitrario. No deberíamos hacer creer a la gente que Hyunday es
“lo último en máquinas de conducción2. De hecho, el producto debe ser diseñado
con la intención de darle un posicionamiento en la mente del consumidor. Se
debe decidir el posicionamiento antes de diseñar el producto. Uno de los
trágicos fallos de la línea de coches de General Motors es que diseñan
vehículos sin un posicionamiento distintivo. Una vez que el coche ha sido
fabricado GM se las ve y se las desea para encontrar su posicionamiento.
Las marcas que no son
número uno en su mercado (medidas por el tamaño de la compañía u otro atributo)
no tienen por qué preocuparse –simplemente necesitan elegir otro atributo y ser
número uno en dicho atributo-. Kotler sugirió a una compañía farmacéutica que
posicionara su nuevo producto como “el más rápido en alivio”. Su nuevo
competidor posicionó su marca como “la más segura”. Cada competidor atraerá a
aquellos consumidores que buscan su atributo principal.
Algunas empresas
prefieren construir un posicionamiento múltiple en vez de un único
posicionamiento. La empresa farmacéutica podría haber llamado a su producto “el
más rápido y seguro del mercado”. Pero entonces otro competidor podría adoptar
la posición “el más barato”. Obviamente, si una compañía afirma tener
demasiados atributos superiores no será recordada ni creíble. Sin embargo esto
puede funcionar, ocasionalmente, como cuando la pasta de dientes Aquafresh se
anunció ofreciendo tres ventajas en una: lucha contra la caries, dientes
blancos y aliento más fresco.
Michael Treacy y Fred
Wierseman distinguieron tres grandes posicionamientos empresariales (a los que
llamaron “disciplinas de valor”): liderazgo
en el producto, excelencia operacional y conexión íntima con el consumidor.
* Algunos clientes valoran más a la firma que ofrece el mejor producto de una
categoría; otros valoran la firma que opera de forma más eficiente; y aún hay
otros que valoran la firma que responde mejor a sus deseos personales. Esto
quiere decir que la compañía ha de convertirse en líder reconocido en uno de
estos valores y ser más o menos competente en los otros dos. Conseguir ser
líder en estos tres valores sería muy difícil y costoso para cualquier empresa.
Fred Crawford y Ryan
Mathews han sugerido recientemente cinco posibles posicionamientos: producto, precio, facilidad de acceso, valor
del servicio añadido y experiencia con los consumidores*. Basándose en su
estudio sobre compañías exitosas, llegaron a la conclusión de que una compañía
líder dominaría uno de ellos, tendría
unos resultados superiores a la media en un segundo (diferenciación), y estaría a la par
de la industria con respecto a los otros tres. Por ejemplo, Wal-Mart domina
en precio, se diferencia en producto (ofrece una gran variedad), y puntúa como
la media en facilidad de acceso, valor del servicio añadido y experiencia con
los consumidores. Crawford y Mathews mantienen que una compañía estría por
debajo del óptimo si intenta ser el mejor en más de dos posicionamientos.
El mejor posicionamiento
lo tienen aquellas compañías que han logrado ser únicas y son muy difíciles de
imitar. Nadie ha copiado con éxito a IKEA, Harley Davidson, Southwest Airlines
o Neutrogena. Estas empresas han desarrollado cientos de procesos específicos
para dirigir su negocio. Su forma exterior puede ser copiada, pero no el
trabajo interno.
Las empresas que no
tienen un posicionamiento único pueden conseguir algún resultado recurriendo a
la estrategia “número dos”. A Avis se le recuerda por su eslogan: “Somos número
dos. Seguimos esforzándonos”. Y a 7-Up se le recuerda por su estrategia de
“No-Cola”.
Como alternativa, una
empresa puede reclamar que pertenece al club exclusivo de los líderes de su
industria: las Tres Grandes Firmas de Automóviles, las cinco Grandes Firmas
Contables. Pueden explotar el aura que se crea por el hecho de pertenecer al
círculo de los líderes, el cual ofrece productos y servicios de más alta
calidad que los de fuera del círculo.
El no posicionarse
funcionará para siempre. Las empresas deben reevaluar el posicionamiento de sus
marcas más importantes, conforme van ocurriendo cambios en el mercado, la
competencia, la tecnología y la economía. Las marcas que están perdiendo cuota
de mercado necesitan reposicionarse. Esto debe hacerse con cuidado. Los cambios
en el posicionamiento harán que pierda algunos de los clientes a los que les
gusta la marca tal y como es en ese momento. Si Volvo, por ejemplo, pone menos
énfasis en la seguridad y más en el diseño, podría decepcionar a los fans de
Volvo que tienen una mente más práctica.
Conceptos relacionados:
Preguntas de comprensión:
* Al Ries y Jack Trout, Posicionamiento: la batalla por su mente,
Madrid, McGraw-Hill, 1997.
** Michaell Treacy y Fred
wiersema, La disciplina de los líderes del mercado, Colombia, Norma, 1997.
*** Fred Crawdord y Ryan
mathews, El mito de la excelencia,
Madrid, Urano, 2003.
n� ; a g �/ �@. Asegúrese de que no
invierte más tiempo haciendo planes que consiguiendo resultados. El profesor
James Brian Quinn apuntaba: “Una muy buena planificación corporativa.. es como
el ritual de la danza de la lluvia. No tiene efecto alguno sobre el clima”. El
plan de batalla no es nada, a menos que se convierta en trabajo. Kotler
recomienda plantear su trabajo y trabajar el plan. Los planes de marketing no
producirán ningún beneficio si no se implementan. Pero no confunda movimiento
con acción.
Según Kotler, las empresas
ganadoras son aquéllas que hacen más veces lo correcto (eficacia) y lo hacen
mejor (eficiencia).
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