miércoles, 30 de octubre de 2013

Orientación al cliente

Orientación al cliente
Customer Orientation

¿Cómo lograr que toda la empresa piense y respire por el cliente? Jan Carlzon, exconsejero del Sistema Escandinavo de Aerolíneas (SAS), escribió cómo logró El momento de la verdad*, donde describe cómo logró enfocar a todos sus trabajadores hacia el cliente. En las reuniones en las que participaba enfatizaba que SAS atenía a 12 millones de clientes al año y que, como promedio, cada cliente estaba en contato con cinco empleados de la compañía en un día cualquiera. Esto suponía 60 millones de momentos de la verdad, oportunidades para dejar una impresión positiva en los clientes, fuera personalmente, por teléfono o por mail. Pero Carlzon fue más lejos. Se embarcó en un cambio de estructura, de sistemas y de tecnología para capacitar a sus empleados en la satisfacción permanente de todos sus clientes objetivo.

Hoy en día, los consejeros deberían hacer ver a sus empleados, en términos financieros, cómo aumentaría el valor de la compañía y de ellos mismos, si cada uno se centrara en proporcionar un valor agregado a sus clientes. Los clientes pagarían más y costaría menos atenderles bien. Todos se beneficiarían y los empleados que prestasen una atención sobresaliente al cliente recibirían una felicitación especial.

La tarea comienza contratando a las personas idóneas. Hay que  decidir no sólo si los candidatos tienen las habilidades correctas, sino también las actitudes correctas. A modo de anécdota, Kotler nos comenta que siempre le llama la atención conocer por qué la mayoría de las personas prefiere volar con Delta Airlines, desde Chicago a Florida, cuando pueden escoger a la Eastern Airlines, quien  ofrece el mismo vuelo. La diferencia: Delta contrata personal del Sur, donde al amabilidad es la norma; la Eastern Airlines contrata personal de la ciudad de Nueva York.

Todo el personal contratado requiere de una excelente capacitación. Disney tiene un programa donde en una semana se les transmiten las experiencias que se busca que tengan sus clientes en Disneylandia. No puede existir un cliente insatisfecho. Todo debe de planificarse, implementarse y recompensarse.

Sin embargo, las empresas tienden a dar a sus trabajadores dos mensajes en aparente conflicto. L.L. Bean y otras compañías entrenan a su personal para que den satisfacción a cada uno de sus clientes. El cliente es lo primero. Y al mismo tiempo, reconocen que cada cliente tiene un valor diferente para la compañía (es decir, en cuanto a los ingresos que les deja) y por lo tanto, cada cliente debería recibir un trato diferente.


Conclusión: Trate a cada cliente con atención, pero no necesariamente con la misma atención.

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American Airlines establece diferencias en el trato a sus clientes, desde asignarles asientos de diferntes tamaños, hasta ofrecerles un menú especial. Los pasajeros que han acumulado miles de kilómetros reciben un trato especial, conocido como Programa Platino para Ejecutivos, gracias al cual gozan de menores tiempos para registrarse, prioridad en el embarque, así como ser los primeros en disfrutar de las frecuentes mejoras que realiza la compañía. Igualmente, reciben regalos sorpresas como libros best-sellers y cristalería Tiffany.
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¿Cómo lograr que toda la empresa piense y respire por el cliente? Jan Carlzon, exconsejero del Sistema Escandinavo de Aerolíneas (SAS), escribió cómo logró El momento de la verdad*, donde describe cómo logró enfocar a todos sus trabajadores hacia el cliente. En las reuniones en las que participaba enfatizaba que SAS atenía a 12 millones de clientes al año y que, como promedio, cada cliente estaba en contato con cinco empleados de la compañía en un día cualquiera. Esto suponía 60 millones de momentos de la verdad, oportunidades para dejar una impresión positiva en los clientes, fuera personalmente, por teléfono o por mail. Pero Carlzon fue más lejos. Se embarcó en un cambio de estructura, de sistemas y de tecnología para capacitar a sus empleados en la satisfacción permanente de todos sus clientes objetivo.

Hoy en día, los consejeros deberían hacer ver a sus empleados, en términos financieros, cómo aumentaría el valor de la compañía y de ellos mismos, si cada uno se centrara en proporcionar un valor agregado a sus clientes. Los clientes pagarían más y costaría menos atenderles bien. Todos se beneficiarían y los empleados que prestasen una atención sobresaliente al cliente recibirían una felicitación especial.

La tarea comienza contratando a las personas idóneas. Hay que  decidir no sólo si los candidatos tienen las habilidades correctas, sino también las actitudes correctas. A modo de anécdota, Kotler nos comenta que siempre le llama la atención conocer por qué la mayoría de las personas prefiere volar con Delta Airlines, desde Chicago a Florida, cuando pueden escoger a la Eastern Airlines, quien  ofrece el mismo vuelo. La diferencia: Delta contrata personal del Sur, donde al amabilidad es la norma; la Eastern Airlines contrata personal de la ciudad de Nueva York.

Todo el personal contratado requiere de una excelente capacitación. Disney tiene un programa donde en una semana se les transmiten las experiencias que se busca que tengan sus clientes en Disneylandia. No puede existir un cliente insatisfecho. Todo debe de planificarse, implementarse y recompensarse.

Sin embargo, las empresas tienden a dar a sus trabajadores dos mensajes en aparente conflicto. L.L. Bean y otras compañías entrenan a su personal para que den satisfacción a cada uno de sus clientes. El cliente es lo primero. Y al mismo tiempo, reconocen que cada cliente tiene un valor diferente para la compañía (es decir, en cuanto a los ingresos que les deja) y por lo tanto, cada cliente debería recibir un trato diferente.

Conclusión: Trate a cada cliente con atención, pero no necesariamente con la misma atención.
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Para estar realmente orientada hacia el cliente, la empresa debería estar dirigida por directores de clientes (o por directores de grupo de clientes) y no por directores de marcas. La tarea de estos directivos sería identificar los productos o servicios demandados por sus clientes y ponerse en contacto con los directores respectivos de producto o de marca, que serían los responsables de proporcionarlos.

Demasiadas empresas se dirigen todavía por enfoque producto en lugar de hacerlo con orientación al cliente. Su pensamiento se mueve así:

                    Recursos à M. Primas à Ofertas à
                    à Canales de distribución à Clientes

Parten del producto existente y apoyándolo con una fuerte inversión en comunicación lo lanzan a todos los clientes potenciales, sin caer en la cuenta de las diferencias entre los clientes y los beneficios buscados. No conocen mucho a cada uno de sus clientes individuales y por ello no pueden realizar ventas cruzadas o referenciadas. Ambos procesos requieren disponer de información detallada sobre la transacción y cualquier otra en la que el cliente pudiera estar interesado. Las empresas con orientación cliente visualizan un acercamiento diferente, conocido como marketing de observación y respuesta.

                    Clientes à Canales de distribución à Ofertas à
                        àM. Primas à Recursos

Las empresas que comprendan a sus clientes se encontrarán en una mejor posición para desarrollar canales de distribución, productos, materias primas y recursos más apropiados.

* Jan Carlzon, El momento de la verdad, Madrid, Días de Santos, 1996.

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